Entendemos que el alumno/a ha de ser el centro del proceso de enseñanza-aprendizaje. Ello implica:
- Seguir una metodología activa y participativa que fomente la búsqueda personal del conocimiento, con espíritu de iniciativa y creatividad.
- Promover un ambiente escolar que favorezca y estimule el esfuerzo, el trabajo bien hecho y el diálogo.
- Ofrecer una atención personalizada, aceptar y reconocer que cada alumno tiene un ritmo de aprendizaje y unas necesidades específicas.
- Considerar la Orientación como un proceso fundamental de la acción educativa.
- Impulsar la enseñanza y convivencia religiosa como base para un auténtico desarrollo personal.
- Insertar la labor educativa en la realidad del entorno.
- Dar importancia a la educación en el tiempo de ocio.
- Suscitar una disposición abierta a la formación permanente y a la adaptación a situaciones nuevas.
- Aplicar a todo el proceso de enseñanza aprendizaje los criterios de la evaluación continua y formativa a fin de garantizar los fines propuestos.
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